Hace unos minutos un niño de no más de 10 años trajo un saco con botellas a nuestra sede y las estaba colocando en un recipiente. De repente escuché ruido de vidrios quebrados y antes de salir miré por la ventana y resulta que por alguna extraña razón el niño tomaba una botella y la arrojaba hacia el barranco, aún cuando podía dejarlas junto a las otras. ¿Qué razonamiento era ese? Me SORPRENDÍ mucho, aún no entiendo. Por supuesto, hablé con él y le expliqué que eso no se hacía y nosotros las recibíamos para que nadie las botara ni quebrara, porque eran peligrosas. Pero, saben, la verdad es que me quedó dando vuelta, ¿por qué? Le pregunté tranquila ¿por qué las arrojaba?, y respondió: ¡¡No sé, tía!! Bueno, cuento corto, le di uno de nuestros autoadhesivos y le pedí que me diera un apretón de manos como compromiso que no lo volvería hacer aquí ni en ningún otro lugar. Conclusión, análisis, moraleja... existe? Ahora pienso que la que arrojó era una botella grande y como no cabía emb...